sábado, 8 de noviembre de 2008

Dunkler Odem im grünen Gezweig.
Blaue Blümchen umschweben das Antlitz
Des Einsamen, den golden Schritt
Ersterbend unter dem Ölbaum.
Aufflattert mit trunknem Flügel die Nacht.
So leise blutet Demut,
Tau, der langsam tropft von blühenden Dorn.
Strahlender Arme Erbarmen
Umfängt ein brechendes Herz.

Gesang einer Gefangenen Amsel. (Georg Trakl)

2 comentarios:

Mikel dijo...

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gmail dijo...

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www.librosalacalle.com
YO PROCURABA NO INVITAR A NADIE a casa para que mi padre
no tuviera que encerrarse en el armario, pero mi madre, quizás por
amor, quizás por estrategia, establecía un ritmo de reuniones con
mis amigos en nuestro piso. Cuando esto ocurría, mi padre se
encerraba en su armario con un candil de carburo y unos libros
hasta que todos se habían marchado. Afortunadamente, la portera,
mal encarada y grosera, y su marido, Casto, un albañil silicótico
y macilento, montaban en cólera siempre que veían pasar a algún
niño que no fuera vecino de la casa que tan celosamente
guardaban. Esto, además de añadir un miedo más a nuestras vidas,
evitaba las visitas imprevistas de mis amigos y los sobresaltos que
siempre producían los timbrazos.
No podré olvidar nunca que en una ocasión en que la reunión
tuvo lugar en nuestra casa, mi padre se sintió enfermo y tuvo que
ir al cuarto de baño perentoriamente. A pesar de que teníamos la
puerta del comedor cerrada, a través de los cristales y de los visillos
que la adornaban alguien entrevió una sombra recorriendo el
pasillo.
Para salir del paso, mi madre resolvió la situación hablando
de un fantasma que (...)
SI EL VÉRTIGO TE ATRAE, ASÓMATE A LOS LIBROS
Alberto Méndez (1941-2004)
Los girasoles ciegos